Empezar el año desde el margen

Arrancar el año siempre tiene algo de gesto fundacional. No porque enero traiga ideas nuevas por sí mismo, sino porque nos regala una pausa breve en la que mirar con un poco más de distancia lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Notas al margen nació porque tú también lo has querido. No como una newsletter de novedades, ni como un repositorio de herramientas, ni siquiera como otro canal más al que prestar atención a toda prisa o una secuencia en la que atraparte hasta venderte algo.

La idea de Notas al margen es otra y ya te la he avanzado en parte en mis reflexiones de sábado por la mañana compartidas en LinkedIn: crear un espacio tranquilo para pensar en voz alta sobre el trabajo, los procesos, la tecnología y las tensiones que aparecen cuando intentamos avanzar sin tener del todo claro hacia dónde.

Este es un canal necesariamente unidireccional. De uno a muchos. De uno a uno, si tú decides continuar la conversación. Pero la comunicación aquí no pretende, no puede, ser coral ni simultánea. No hay debate público, ni hilos cruzados, ni ruido. Sólo te ofrezco una puerta abierta a que, cuando lo necesites, respondas y continuemos la conversación de forma privada. Sin obligación, sin exposición.

Escribo desde la convicción de que compartimos más preocupaciones de las que solemos admitir: la sensación de ir siempre tarde frente a la tecnología, la dificultad de cambiar hábitos sin romper lo que ya funciona, el cansancio que produce vivir en mejora continua sin zonas de confort estables.

Escribo también desde la tensión constante entre avanzar y sostener, entre aprender y no desbordarse, con la conciencia de que esa tensión es más común de lo que parece. Aunque trataré de no hacer demasiadas citas, a veces las siento obligadas por lo que tienen de abrir ventanas a las que asomarse.

La ventana de hoy es para Peter Drucker cuando advertía que «la mejor manera de predecir el futuro es crearlo». Es una cita a la que se acude muchas veces para animar a tomar la iniciativa y sin embargo en mi caso, la recuerdo por las pocas veces que se habla del desgaste que implica estar creando de forma permanente.

Vivimos entornos profesionales donde no hay sitio para acomodarse, pero donde tampoco creo que haya espacio para correr sin pensar; entornos donde el reto no es solo incorporar tecnología, sino decidir conscientemente para qué, con qué ritmo, hasta qué profundidad implementarla y qué coste personal estamos dispuestos a asumir para avanzar en un camino cuya meta desconocemos, aunque la intuimos.

Veo Notas al margen precisamente como eso: un margen. Un lugar donde apartarse un momento del flujo principal, de la vorágine, de la inmediatez, para observar con algo más de calma. Para formular preguntas antes de buscar respuestas. Para poner palabras a incomodidades que no siempre encajan en una presentación, una reunión o un post público.

A pesar de las fechas, no nace como un propósito de año nuevo ni como un experimento condicionado por métricas o expectativas de alcance. Es, sobre todo, una necesidad propia: la de pensar escribiendo y contrastar ese pensamiento con quien decida estar al otro lado, contigo, si decides mantenerte ahí. Da igual si sois cinco o cinco mil personas; lo que realmente importa es que tu mirada, todas las miradas, ayuden a abrir caminos, a ensanchar preguntas y a explorar direcciones que, en solitario, a mí me resultarían mucho más difíciles de recorrer, y tal vez a ti también.

Antes de cerrar esta primera nota, un apunte que no sé si es importante pero que quiero dejar también para tu consideración. Escribo con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial. No porque quiera que la IA escriba por mí, a poco que me conozcas sabes que no, sino porque esto también va del uso de la tecnología, del uso de las herramientas, y como con cualquier otra herramienta, me apoyo en ella para ordenar unas veces, para tensar otras y para dar forma a ideas que ya estaban ahí muchísimas más. Ideas que se amontonan, algo desordenadas, sí, bullendo en la cabeza, desapareciendo y volviendo cuando menos lo esperaba. El pensamiento, las dudas y las preguntas son siempre mías; la herramienta solo me ayuda a poner orden.

Te lo he dicho: no sé todavía qué forma exacta tomará este espacio con el tiempo. Sí sé que nace con vocación de continuidad, de honestidad y de utilidad tranquila. Si en algún momento deja de tener sentido para ti, bastará con cerrar la puerta. Y si en algún momento te apetece contestar, aquí estaré al otro lado. Ahora puede ser ese momento, pero con la misma actitud que me ha llevado a escribir despacio, te pido que contestes sin dejarte llevar por una celeridad innecesaria.

Por supuesto, si conoces a alguien que pueda estar interesado en compartir este espacio, siéntete libre de compartirle el correo y el enlace para unirse a la conversación.

Gracias por leerme. Seguimos.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *