Esto siempre se ha hecho así

Estás en una reunión. Alguien, tal vez tú mismo, propone hacer algo de otra manera. No es una locura. No cambia todo el sistema. Es solo un ajuste. Un pequeño desplazamiento.

Y entonces aparece. Esa frase que no necesita pensarse demasiado: “Esto siempre se ha hecho así.”

A veces viene acompañada de otra, más elaborada, más razonada: “Yo lo hago así y funciona”. Yo lo llamo el «amimefuincionismo».

No hay ruido, no hay conflicto, la conversación se termina. No cabe réplica. No hay discusión. No hay análisis. No hay rechazo explícito.

Simplemente… se cierra.

Lo curioso es quién lo dice no es alguien perdido. No es alguien que no entienda el problema. Suele ser justo lo contrario. Suele ser alguien a quien tienes por bueno en lo que hace. Incluso alguien muy bueno en su campo. De esas personas que sabes que si hay que sacar algo adelante, lo va a sacar. Que tiene experiencia. Criterio. Capacidad.

Y precisamente por eso, lo que dice pesa. Pero lo que no está diciendo, también.

Cuando alguien así deja de mirar alrededor, el sistema entero deja de hacerlo un poco y no es falta de inteligencia.

Es otra cosa.

Es haber recorrido tantas veces el mismo camino que ya no necesita mirar el mapa. Sabe dónde están las curvas. Sabe dónde acelerar. Sabe dónde frenar.

Y llega un punto en el que deja de plantearse si ese camino sigue siendo el mejor. O si, simplemente, es el que mejor conoce. Ahí es donde aparece el punto ciego.

Falta de visión periférica.

No como un error evidente, sino como una renuncia silenciosa.

Dejamos de ver alternativas no porque no existan, sino porque ya no las buscamos. Porque lo que tenemos… funciona. Y con eso basta.

O eso parece, pero hay algo más detrás de todo esto.

A veces no defendemos una forma de trabajar porque sea la mejor. La defendemos porque es la nuestra. Porque cambiarla implica volver a ser un poco principiante. Perder velocidad. Dudar. Equivocarnos.

Y eso, para alguien que está acostumbrado a acertar, para el que siente que tiene la responsabilidad de liderar, no es fácil.

Así que protegemos lo que sabemos hacer.

Lo consolidamos. Lo convertimos en norma: “Esto siempre se ha hecho así”. No es una descripción. Es un cierre.

La paradoja es que cuanto más tiempo llevas haciendo algo bien, más difícil es aceptar que quizá ya no es suficiente. Cuanto mejor haces lo que haces, más fácil es caer ahí.

Tampoco se trata de cuestionarlo todo. O de cambiar por sistema.

Es algo mucho más pequeño: no cerrar la conversación demasiado pronto, de dejar espacio, aunque sea mínimo, para mirar lo que hacen otros, para escuchar sin filtrar, sostener la incomodidad antes de descartarla sin análisis.

Es también entender que la mejora no siempre entra por la puerta grande, entender que, a veces, la mejora aparece disfrazada de otra cosa, aparece de lado, en la periferia.

Y solo la ves si sigues mirando alrededor. Si admites que «Esto siempre se ha hecho así”, pero puede hacerse de otra forma y no hacerse peor.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *